jueves, 14 de enero de 2010

APOLO TIENE 70

Por Angélica Camacho


Javier Talavera es el último fisicoculturista de Lima. A los 70 años sigue en forma.




Ya dejó atrás las poses y las miradas auscultativas hacia aquellos músculos de acero que lo llevaron al podio. Ahora se mueve sin tanto relieve pero con el mismo talante, y va a la ayuda de los cuerpos que llegan a su auxilio hasta este salón de espejos y máquinas que te recuerdan sin piedad qué tan fuerte y bello eres. Javier Talavera los analiza, los mide, los pesa y les da forma. En algunos casos los hace crecer, en otros, los reacomoda. ¿Qué pasa cuándo un fisicoculturista cambia el peso de las barras por el de los años?

Hubo una época en que este hombre de manos callosas y mirada cauta arrasaba con todos los títulos en materia de proporciones y simetría corporal. Los medios acostumbrados a colgar cartelitos vendedores lo bautizaron como Apolo.
Talavera empezó a crearse un lugar en el culturismo peruano tras coleccionar nueve Mister Perú, cinco campeonatos sudamericanos, un Master USA Bodybuilding (el de 1985) y llegar al tercer lugar en el mundial de Holanda (en 1981). En tiempos en que los entrenadores físicos son más importantes que los sicólogos, Javier Talavera es quizá el de mayor autoridad en el negocio. Sufrir y sudar ha sido parte de su vida.

“Soy el más antiguo pero no el más viejo”, me aclara.

A los 70 Talavera vive sin arrugas, sin achaques, sin barriga. Aparenta quince años menos, tiene la postura erguida y energía suficiente para levantar 140 kilos en press de banca, un ejercicio que pone a prueba los pectorales y los brazos aún robustos de este hombre. Porque se habrá retirado de las competencias pero no del gimnasio. Un gimnasio que abrió hace medio siglo pensando en promover la cultura física (no cabe en su cabeza la idea de hacer vida social o buscar diversión allí). “¿Y qué es cultura?, añade, “incremento de conocimiento, capacidad y valores. Un hombre culto tiene muchas posibilidades de tener más éxito que un sabiondo”.

Éxito. Palabra clave que todos persiguen y pocos entienden. A veces es sinónimo de fama. Hay quienes lo asocian con dinero, y está el grupo de los que creen en la felicidad. Es el grupo de los incomprendidos, quizá al que pertenece Javier Talavera.

“Es lo que aspiro, quiero y logro y que me da satisfacciones”, dice.

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Florencio Portocarrero, el actual presidente de la Federación Deportiva Nacional de Fisicoculturismo y Fitness, dice que Talavera siempre fue un caballero, un rival de esos con los que daba gusto competir. Hoy lo ha llamado a unirse al grupo como asesor y preparador físico de la federación. “¿Que ha sido el gran culturista peruano? Sí, Javier Talavera”.


La primera vez que aparecí en su gimnasio me dijo que lo único que había querido siempre era no hacer el ridículo. Por eso calculó cada paso que dio, y pasó de ser un joven empresario y deportista aficionado a un profesional de la salud y el entrenamiento. Estudió educación física, nutrición, rehabilitación y en el camino, la práctica le dio otros títulos: psicólogo, consultor, marketero.

Una foto impone respeto en medio del salón: un hombre de pie expone cada centímetro de su cuerpo tallado con precisión. Su piel brilla y lo único que lo cubre es el diminuto bikini azul que puesto allí más parece una isla en medio de un mar de fibra muscular. Su rostro, en cambio, se ve demasiado sereno y ajeno a la contracción al momento del disparo fotográfico. Estoy en el gimnasio Talavera, y el hombre de la foto es él mismo antes de retirarse de las competencias. Una decena de personas se agitan en las máquinas. Nunca pasan de ese número, a Javier Talavera no le gusta perder el control de todo lo que acontece dentro.

Ya lo ha repetido varias veces, odia el uso del gimnasio para flirteos o jueguitos amorosos. “Esas son parejas chatarra”, remarca con voz de reprimenda como si yo defendiera la premisa. Pero por esas cosas de la vida se casó en segundas nupcias con Marilú, una miss fitness a la que entrenó por muchos años. Se enamoraron en un gimnasio, le lleva más de 20 años y, al parecer, su relación está bien lejos del fast food: suman dos décadas de compañía en medio de discos y pesas. Juntos manejan el gimnasio.

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Lo otro que ha querido siempre Javier Talavera ha sido deslindarse de la categoría cabeza hueca, el combo cuerpón-calabazón le saca de quicio. Siente vergüenza ajena por las idioteces que salen de la boca de algunos culturistas, como si leer o estudiar algo les provocara deshinchazón de las carnes. “Uno no puede ser esclavo de su cuerpo porque sino pierde su mente”, me dice tras su escritorio y al fondo una vez más brilla esa foto grandilocuente.

Para Javier Talavera hay más de disciplina que de vanidad en este deporte. Él lo comprendió mientras corría y los demás se iban quedando. “¿Por qué iba a parar?”, me dice, “¿Por ellos?”. Tenía condiciones, y para aprender se fue a buscar a los grandes: Bill Pearl, Boyer Coe, Frank Zane, Sergio Nubre, Arnold Schwarzenegger. La elite mundial.

En sus planes nunca estuvo explotar su físico más allá de los concursos. La exhibición solo ha sido para las competencias, no para restregarla en la calle. En los comerciales de TV en los que salió apenas se quitó prenda. En You Tube sin embargo, sale semidesnudo en rutinas de plasticidad. ¿Puede un hombre que se paseó por escenarios exhibiendo sus formas ser un sujeto tímido? Lo es. Quienes lo conocen saben que no es precisamente de los que inicia una conversación, a menos que sea para retar a algún pupilo. Su timidez es a menudo confundida con arrogancia.




Nunca fue un alfeñique. Antes de ser culturista Talavera fue remero y levantador de potencia. Llegó al negocio de los gimnasios luego de un viaje a EEUU allá por la década del 60. Vio el potencial y se mandó a invertir todos sus ahorros. Fue uno de los pioneros en el Perú. No se equivocó, los alumnos llegaron y se propagaron.

Es cada vez mayor el porcentaje de los limeños que practican deportes. Lo dice una encuesta de la Universidad de Lima: superan el 56%. Aún cuando solo 5 de cada 100 acudan a un gimnasio y la moda de las franquicias se siga propagando, el suyo, solo por llevar su nombre, jala alumnos que buscan el ideal del cuerpo sano en un hombre que es una suerte de biblia.

Es un pequeño círculo de fanáticos que lo ve como una leyenda.

“Conseguir lo que él logró en el momento en que lo hizo es toda una hazaña”, dice Juan Blume, uno de los varios alumnos que me ha visto rondar tres veces en lo que va del mes. Viendo a los actuales monstruos del culturismo entiendo más su frase. En épocas de esteroides y crecimientos acelerados Javier Talavera sería un delgado figurín, casi como el David que enfrentó a Goliat.

¿En qué se diferencia un musculoso actual y un Talavera de la vieja escuela además de la evidente desproporción? Mientras que el primero es un campeón de doce meses el segundo duró más de doce años.

Sin embargo, en el mundo del fisicoculturismo las malas lenguas dicen que no hay un solo deportista que no se haya metido nada para ser mejor y ganar. De ahí que sus detractores no le den crédito. Talavera no se molesta en contradecirlos: “Si digo que no los usé no me van a creer, si digo que sí van a empezar a hablar. Mejor no digo nada”, me dice con hastío.

Afuera en cambio algo de su trayectoria debió saberse. Julio Oberti, un ex campeón sudamericano en categoría master me dirá días después que se sorprendió al verlo colgado de las paredes del primer Gold Gym inaugurado en Venezuela, en 1994. Era la única foto de un culturista latino, recuerda. “Me dio alegría y dije a él yo lo conozco”.

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¿Qué come Talavera para estar así de macizo toda su vida? Le he preguntado por su dieta y lo único que he conseguido es que me diga que come lo que a él le interesa. De ahora en adelante a mí también: una dieta sana llena de proteínas y descanso. Mucho descanso. Dos datos importantes: optó por cambiar de hábitos y eliminó el placer de la mesa.

- El placer es de vez en cuando sino es costumbre.
- …
- Si yo como proteína mi organismo va a dejar de fabricar grasa. Si yo no como cosas que se depositen ya no voy a tener grasa.

Sonaba demasiado sencillo para ser verdad. Si tiene otros secretos al comer los había guardado con clave en la caja fuerte que lleva en el pecho.

Pero así como está convencido del efecto del sueño y la proteína Javier Talavera lo está convencido de los genes. Estos pueden ayudarte o ponerte zancadillas. Me ha dicho sin tapujos que él eligió bien a sus padres.

-¿Su hijo también practica…?

-Nada. Y él me ha acompañado a todos lados. Pero ya Ud. ve: no le nace el ejercicio.

-¡¿No?!

-Ahí viene el dicho: en casa de herrero, cuchillo de palo.

- ¿Al final no lo pudo convencer?

- No, no creo que lo tenía que convencer, es que yo no me impongo, solo sugiero.

-Pero ¿si quisiera su hijo podría ser tan fuerte como Ud.?

-Ud. lo ha dicho, podría ser, pero yo doy una parte de la genética, la otra parte la da la madre. Lo demás es circunstancial.

-Además ¿cuándo ha visto Ud. que el hijo de un gran deportista supere al padre?

- ¿Y por qué cree?

-Habrá que preguntarle a don supremo.

La genética le pudo dar la razón a Talavera. Una cotizada modelo peruana de la década del 90 ha dicho que él es su padre. Ella no lleva su apellido. La historia es larga pero en resumen me cuenta que la madre se la presentó a los cinco o seis años de un momento a otro.

“En esa época ella estaba casada pero yo no. Yo tenía que acceder si ella lo pedía”, me dice. “Mire Ud. lo que se perdió allí”.

Muchos años después la modelo fue a buscarlo y a presentarle a su nieta. Ella es la modelo más fitness de su generación.

Javier Talavera puede ser tan sobrio y prudente que parece frío. ¿Será que ha ganado tantos premios que la emoción se le fue agotando? ¿O es que la coraza que cubre su humanidad la guarda solo en privado? Marilú, su esposa me cuenta sus debilidades con la gente que le pide consejos. Nunca se los niega, estén o no matriculados en su gimnasio. Es de pocos amigos, un ser que disfruta el silencio y la seriedad pero que al mismo tiempo baila con soltura y asegura salir invicto en casi todos los ritmos excepto en marinera.

Pausado y exigente, el otrora Apolo sigue buscando al alumno que logre superarlo. Me confiesa que ya tuvo algunos que han sido buenos, tal vez mejores que él pero no llegaron a su nivel porque no continuaron. Quizá su disciplina era muy dura. Difícilmente alguien que haya pisado el gimnasio Talavera ha salido indiferente. O aceptan de buena gana un lavado de cerebro con hábitos de vida y de entrenamiento o terminan fastidiados con su rectitud al punto de salir huyendo.

- ¿Cuándo se ve al espejo qué ve?
- Veo un avance, pero me veo bien. Tengo que borrar de mi mente como yo estaba porque sino voy a sufrir (señala la fotografía de la pared del gimnasio).
- Allá tenía 48, no puedo estar igual. Lo que ha mejorado con los años es la experiencia.

Pero Apolo resurge de pronto y añade:

-¿Y quién le ha dicho a Ud. que un viejo no es lindo también?





ANGÉLICA CAMACHO es peruana. Periodista free lance. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Planea acabar pronto su maestría en Ecoturismo, viajar más y escribir mejor. Tiene una empresa llamada Elefante Blanco.


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Próximo taller febrero 2010. Inscripciones en oficinaportatil@gmail.com
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5 comentarios:

  1. Está muy bien escrito, Angie. Es difícil mantener la atención del lector a lo largo de la narración, y tratándose de un tema -en mi opinión- no muy atractivo que digamos; y al parecer, con un entrevistado que no colabora mucho. Me gustó.

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  2. Muy buen perfil Angélica, tiene ritmo, metáfora y un toque divertido. Me hubiera gustado una mayor descripción de Talavera.

    Un saludo,

    Javier

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  3. Creo que lograste el personaje, Angélica, con una prosa fresca y limpia, dosificando muy bien imágenes, narración y diálogo. Ah, le hiciste la pregunta incómoda...Bien hecho, periodista que no es atrevido, no gana...!Te felicito!

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  4. Javier Talavera Campos, un mistiano de todo nivel, pues ganó cinco sudamericanos y en el mundial de 1981 en Holanda ocupó el tercer lugar. Actualmente tiene 71 años de edad, y se ha mostrado emocionado por regresar nuevamente a la ciudad, sobre todo porque se le hará un reconocimiento a su trayectoria deportiva.

    Por toda su experiencia y por sus logros, considera que es el momento de impartir sus conocimientos en este deporte, sobre todo a los entrenadores.

    Una de sus preocupaciones está en que los deportistas buscan resultados, y por ello hacen mal su planificación de entrenamiento y de alimentación.

    Talavera fue ganador del Míster Perú en 1972, 1974, 1975, 1977, 1979, 1981, 1983, 1985 y 1988 así como Míster Sudamérica Bolivia 1977, Míster Brasil 1979, Míster Ecuador 1983, Míster Argentina 1986 y Míster Uruguay 1988.

    Este mistiano igualmente fue ganador en Estados Unidos del Míster Miami 1983, del South Florida 1983, del Míster Florida 1984 y del Míster USA 1985. Logró el segundo lugar del Southern USA -- NPC 1985 y en el orbe fue octavo puesto en el Campeonato Mundial Míster Universo en Ohio, USA 1979, categoría pesado +90 kilogramos, además de quedar en cuarto lugar en el Campeonato Mundial París, Francia 1980.

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