lunes, 11 de octubre de 2010

NO ME DIGAN POBRECITA

Por Fernando Ríos

Verónica Gonzalez Bonet promueve la inclusión laboral de los discapacitados desde su columna semanal en la televisión pública de Buenos Aires. Tiene 31 años y es una de las dos únicas periodistas ciegas en el mundo que trabaja en televisión.



Ella se mueve en silencio en medio de las corridas y los gritos y en silencio abre su computadora portátil y se dispone a trabajar. Hará llamadas, pedirá entrevistas, escribirá, mandará mails, buscará datos para el informe que más tarde presentará ante las cámaras del noticiero del canal 7 de Buenos Aires. Lo único que Verónica no podrá hacer es seleccionar las imágenes para su envío. Verónica González Bonet es la única periodista ciega que trabaja en la televisión argentina.

Cómo contar lo que no se ve. Cómo contar lo que ella no ve. Cómo explicar un azul. Las cifras oficiales aseguran que el 6% de la población del país tiene graves problemas de visual. Pero la última Encuesta Nacional sobre Discapacidad demuestra una realidad aún más difícil. El 85% de los ciegos que quiere trabajar y está capacitado, no consigue empleo. Verónica lo sabe.

Pero antes es mediodía y ella sale de su departamento. Las tareas de la casa le ocuparon la mañana. Hizo la compra, ordenó, limpió, lavó la ropa y dedicó un tiempo a repasar su columna semanal en la televisión pública. “Mi marido me reprocha que nunca me quedo quieta y que es difícil seguirme el ritmo” dice, y se encoge de hombros como quien acepta lo que no puede cambiar.

Cuando Verónica sale a la calle Buenos Aires parece a punto de explotar. Todos caminan como si estuvieran escapando. La gente sube y baja de colectivos siempre llenos. Unos cruzan corriendo la avenida. Otros se empujan, Se fastidian. Protestan. No se disculpan. En la esquina los autos se agrupan en una compacta masa metálica, y aceleran rabiosos cuando el semáforo los libera, para volver a juntarse 200 metros más allá y repetir el ritual.

Ella camina hacia el final de la cuadra. “Siempre tomo por acá, conozco la vereda, los sonidos, los olores” dice y su bastón se abre camino entre las mesas improvisadas de los vendedores ambulantes. Ahora pasa a un costado de los jubilados que hacen cola a la puerta del banco. Después bordea la fila entremezclada de los que buscan suerte en el negocio de loterías. A su alrededor todo es calor y ruido y bocinas y motores y apuro. Es lunes y la ciudad parece un extraño río revuelto.

Por allí va Verónica. Contando los pasos hacia la parada del bus que la dejará a una cuadra del canal. La cara apenas maquillada y sin anteojos. El pelo recogido, la blusa azul que combina con la minifalda, los gestos suaves y la frescura de sus 31 años. Es un mediodía de sol primaveral en Buenos Aires y ella lo siente en todo el cuerpo.

Según la Organización Internacional del Trabajo, el índice de desempleo de un país es tres veces mayor cuando se trata de personas con discapacidad. La discriminación es una barrera difícil. Los prejuicios hacen el resto. Ella lo sabe. Obtuvo una Licenciatura en Sistemas y recuerda las dificultades de un medio que la trató con hostilidad, aún después de recibida.

¿Y por qué periodista?. Verónica dice que encontró su vocación cuando la invitaron a un programa de radio que difundía mensajes a favor de la inclusión. “En ese momento me di cuenta que yo quería hacer eso, hablarle a la gente, darle espacio a los que hacen cosas por lo demás. Así me puse a estudiar periodismo y cuando me licencié dejé el empleo que tenía y salí a buscar trabajo en los medios”.

Pero ella no siente que haya sido una decisión extrema, a pesar de lo que supone abandonar una profesión y un empleo seguros por un oficio en el que todo es incertidumbre. “Yo no me quedo por temor o por que sea ciega. Siempre salí a estudiar, a trabajar, a divertirme. Viví sola, tuve novios, me casé, hago tarea social. Y como yo hay muchos. Por eso me gusta hacer estos informes, para contar historias de gente que supera sus limitaciones”, dice.

Verónica comparte un extraño privilegio con la española Nuria del Sanz, del canal 2 de Andalucía. Ellas son las dos únicas periodistas ciegas en el mundo frente a una cámara de televisión. En el bar del canal no lo saben, pero no importa. El mozo la saluda y la recibe con un café. “Es periodista” le dice a unas chicas que no le preguntaron nada. Parece orgulloso de tenerla allí. Una señora de arrugas y collares se acerca a la mesa, la toma de las manos y la felicita. “Siempre te veo. Sos tan linda”, le dice, como si la estuviera perdonando.

Verónica dice que esa popularidad le causa gracia y piensa que los medios tienen un enfoque equivocado sobre los discapacitados. “O somos superhéroes o pobre gente. No hay término medio. Olvidan que tenemos las mismas características que cualquiera y que como cualquiera somos a veces buenos y a veces malos. Verónica reconoce que ella tiene miedos, que es tozuda, a veces egoísta, que puede llegar a lastimar, que es orgullosa. Pero feliz.

“Por que no puedo ser feliz yo, porqué no veo?...eso es lo que está instalado. ¿Te diste cuenta que las novelas terminan cuando la ciega ve o el paralítico camina? El mensaje es claro. Para ser feliz necesitás todos los sentidos. No podés serlo si te falta alguno. Esa es la imagen equivocada que recibe la sociedad”.

Ambar Rusi la escucha con atención. Ella es la productora asignada a la preparación de los informes y asiste a Verónica en la visualización de imágenes. Hicieron buena dupla y tienen un código común de humor y complicidad. “Así es la loca, buena persona, luchadora, pero cuando se enoja te la regalo” dice Ambar y su amiga hace como que se pone triste, pero no.

Verónica y Ambar van ahora del brazo hacia el área del noticiero. Cuando llegan a la redacción el locutor Felix Taylor las recibe cambiando su voz porteña por la de un madrileño de pura cepa, pero Verónica lo descubre.
“¡Es que tu eres una tía muy sinverguenza!” dice Felix con su frustrado acento hispano y todos se ríen.

“Ël me ayudó mucho”, dice Verónica. “No es sencillo leer al aire un texto escrito en braille. La lectura táctil tiene otros tiempos y se hace lenta, pero Felix me exigió siempre y eso me fue muy útil. Cada informe que yo presento es fruto de esto, del trabajo de Felix, de Ambar y de otros compañeros que ponen lo mejor. Es un esfuerzo de todos, la integración de la que hablamos”.

Pero afuera la realidad es cruel. En Argentina el 20% de los hogares alberga al menos un discapacitado y sólo el 29% de ellos tiene ocupación laboral. Verónica dice que la solidaridad es la primera víctima. “Si un empresario ve que quiero cruzar la calle seguro que me ayuda. Pero si le digo que estoy sin trabajo, no me va a ayudar a conseguirlo. Es difícil trasladar la solidaridad a oportunidades reales”, dice Verónica.

Ahora suena su celular con un nuevo mensaje de texto. El sistema que tiene le permite transformar esos mensajes en correos de voz. A su alcance tiene lo necesario: el grabador digital que conectó a la computadora y el software que lee la pantalla con una voz sintetizada, para que Verónica pueda escuchar lo que escribe o lo que baja de Internet.

-¿Cómo reaccionan los entrevistados frente a una periodista ciega?
-Depende de las personas. Hace poco le hice una nota al hijo de Mercedes Sosa. Combinamos por teléfono para encontrarnos en un bar y el me dice: ‘me vas a tener que buscar porque no te conozco’. Entonces yo le digo: Sos vos el que va a tener que buscarme a mí, porque soy ciega’. Verónica dice que el hijo de Mercedes Sosa se quedó mudo.

Cuando la tarde se va Verónica guarda su computadora en un bolso y espera a Ambar. A su alrededor los teléfonos no dejan de sonar. El ruido de los teclados tapa las palabras, los cronistas entran y salen, los camarógrafos alistan sus equipos y la urgencia manda cuando se acerca la salida al aire. Ella aguarda callada y sola en su escritorio. Cómo será vivir y esperar seguir viviendo en un mundo de colores imaginados. De azules prohibidos. De verdes inventados?...

Ambar le avisa que está todo listo para grabar. Verónica se para, la toma del brazo y juntas van al estudio seis. En minutos las cámaras la enfocarán y Verónica González Bonet, licenciada en Sistemas y en Periodismo, amante de los viajes, futura madre y activa militante a favor de la inclusión, presentará su informe sobre el Movimiento de Lisiados Peronistas, un grupo que en los años 70 fue un bastión de la resistencia a la dictadura militar.

Cuando se despide me pregunta si quiero saber algo más, pero no espera la respuesta. “Sabés, yo la peleo para que nos traten como iguales, dice. No quiero que me digan pobrecita. Yo no soy pobrecita. Yo trabajo para tener una vida normal. Para vivirla como la quiero vivir, entendés?” .
No le digo nada. Sólo le tomo las manos y no se porqué, cierro los ojos.







FERNANDO RIOS nació en Buenos Aires, estudió periodismo y trabajó en diarios, revistas y agencias de noticias. Apasionado por la literatura y la música, fue corresponsal de Revista del Jazz de Barcelona y edita una página web con la actividad en la Argentina. Actualmente trabaja en la división Noticias del Canal 7de Argentina.


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